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¿Sabes cómo confesarte? aquí te decimos cómo

Si la última vez que te confesaste fue hace mucho tiempo y  ya no recuerdas cómo confesarte correctamente, ¡no temas! aquí te ayudamos a recordar el proceso para preparar y hacer una buena confesión.

Antes de la confesión averigua cuándo se llevará a cabo la confesión. Llama a tu parroquia y elige el horario que mejor se acomode a tus necesidades, si tu parroquia no ofrece un servicio acorde con tu horario, llama al sacerdote y programa una confesión privada.

Ahora si comencemos con los pasos para preparar una buena confección.

Cuando cometemos malas acciones, nos sentimos mal. El peso de nuestras malas acciones recae en nuestra consciencia, nos llena de sentimientos prolongados de culpa y no nos permite gozar la vida con plenitud. primero debemos ser sinceros y aceptar las malas acciones que hemos cometido y
sentirnos verdaderamente arrepentidos.

El objetivo de la penitencia y la confesión es sentir un remordimiento genuino, o sea el acto de contrición. Deberás rechazar abiertamente el pecado que hayas cometido y tomar la decisión de no volver a cometerlo. Para mostrarle a Dios que tu pesar es genuino y auténtico, tendrás que estar verdaderamente arrepentido y profesar el rechazo de repetir dicho comportamiento.

Esto no quiere decir que nunca más volverás a pecar; todos los seres humanos lo hacemos todos los días. Sencillamente estarás tomando la decisión de de evitar las ocasiones cercanas que te conlleven a pecar, lo cual todavía cuenta como arrepentimiento. Si lo deseas, Dios podrá ayudarte a resistir la tentación, siempre y cuando tengas la intención de mejorar por tu cuenta.

El siguiente paso es hacer un examen de consciencia. Reflexiona sobre tus malas acciones y por qué son malas. Toma en cuenta el dolor que siente Dios al verte cometer ese pecado y recuerda que por su culpa Jesús sufrió más en la cruz. Por este motivo deberás sentir pesar, además estar verdaderamente arrepentido es un componente necesario para una buena confesión.

Considera hacerte las siguientes preguntas cuando hagas un examen de consciencia:
¿Cuándo fue la última vez que me confesé? ¿Fue una confesión honesta y completa? ¿Le hice una promesa especial a Dios la última vez? ¿Cumplí mi promesa? ¿Acaso he cometido algún pecado mortal o grave desde mi última confesión? ¿He cumplido los 10 mandamientos? ¿Acaso he dudado de mi fe?

Ademas de estas preguntas una buena forma de hacer un examen de conciencia es tomar en cuenta:

  • Los Diez Mandamientos.
  • Los Siete Pecados Capitales.
  • Los defectos de carácter.
  • Las virtudes, actitudes y responsabilidades.

No omitir nada por el hecho de que te cause vergüenza o miedo. La manera más fácil de empezar es preguntándonos:

¿Qué es lo más grave que he hecho?

Determinar en particular las actitudes, los deseos y los motivos que nos causan malestar.

El examen de conciencia consiste en recordar los pecados cometidos desde la última confesión bien hecha. Naturalmente, el examen se hace antes de la confesión para decir después al confesor todos los pecados que se han recordado; El examen debe hacerse con diligencia, seriedad y sinceridad; pero sin angustiarse . La confesión no es un suplicio ni una tortura, sino un acto de confianza y amor a Dios. No se trata de atormentar el alma, sino de dar a Dios cuenta filial.

El examen de conciencia se hace procurando recordar los pecados cometidos de pensamiento, palabra y obra, o por omisión, contra los mandamientos de la ley de Dios, de la Iglesia o contra las obligaciones particulares. Todo desde la última confesión bien hecha.

Una vez que hayas hecho tu examen de conciencia, ve a tu iglesia o parroquia mas cercana en el horario que seleccionaste, espera tu turno hasta que puedas ingresar al confesionario. Cuando sea la hora, podrás optar por una confesión cara a cara o una anónima. Si prefieres que tu identidad permanezca en el anonimato, sencillamente arrodíllate frente a la cortina que te separa del sacerdote y él dará inicio a la confesión. Si prefieres tener una confesión cara a cara, sólo necesitarás caminar alrededor de la cortina y sentarte en la silla frente al sacerdote. Él te estará esperando.

Recuerda que las confesiones son absolutamente confidenciales: el sacerdote jamás revelará tus pecados a nadie. Él sabe que debe cumplir el sello confesional sea cual sea la circunstancia, aunque esté sufriendo de muerte. No permitas que tus preocupaciones afecten tu confesión.

Comienza a confesarte, el sacerdote dará inicio a la confesión con la oración de la señal de la cruz. Sigue su iniciativa. Hazte la señal de la cruz diciendo: “Bendíceme, Padre, porque he pecado” y prosigue a decirle cuándo fue la última vez que te confesaste.

Cuéntale tus pecados, de los más a los menos serios. No omitas ningún pecado mortal que recuerdes. No tendrás que darle detalles explícitos de tus pecados a menos que el sacerdote lo considere necesario, en cuyo caso te pedirá que se los digas.

Escucha al sacerdote, por lo general, te brindará consejos para que sepas qué hacer para no pecar en el futuro. A continuación, te pedirá que repitas el acto de contrición. Deberás repetirlo con sinceridad, sintiendo verdaderamente lo que dices. Si no lo sabes de memoria, escríbelo o pídele al sacerdote que te ayude.

Al final de la sesión, será probable que te recomiende hacer una penitencia, la cual deberás cumplir lo más pronto posible. Al final de la absolución te dirá: “Te absuelvo de tus pecados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”. Si hace la señal de la cruz, hazla también. Luego, te despedirá diciendo : “Ve en paz para amar y servir al Señor”. Responde: “Gracias a Dios”, sonríe al sacerdote y retírate del confesional.

Completa tu penitencia, cuando empieces la penitencia, agradécele a Dios por haberte perdonado. Si recuerdas algún pecado grave que hayas olvidado confesar, ten presente que ya ha sido perdonado junto con los otros, pero asegúrate de confesarlo en la siguiente confesión.

Si la penitencia dada por el sacerdote consiste en repetir algunas oraciones, hazlo en silencio y con devoción. Arrodíllate en el banco, ten las manos entrelazadas y la cabeza gacha hasta que hayas terminado tu penitencia y hayas reflexionado adecuadamente sobre tu experiencia. Toma la determinación de regresar al sacramento de la reconciliación a menudo.

Sé consciente, la confesión no es un motivo para seguir pecando. Gózate de haber sido perdonado y vive como Dios quiere que vivas.

¿Por qué decimos Amén?

“Amén” es una forma especial de terminar nuestras oraciones. La palabra amén significa “que así sea” o “es cierto”. Decir “Amén” es una forma de terminar la oración, como terminar una carta con las palabras “sinceramente”. Esta es una palabra que le dice a Dios que nuestra oración es una oración que realmente le queríamos decir. Esto muestra que confiamos en que Dios ha escuchado nuestra oración y que nos va a contestar en su tiempo perfecto. “Amén” nos recuerda que Dios siempre tiene todo bajo control, aún las cosas difíciles.

 

¿Sabes desde cuando los Papas visten de blanco?

¿Sabías que los Papas visten de blanco desde que Pío V fue elegido Pontífice y decidió mantener su hábito dominico en vez de la túnica púrpura que solían llevar los Pontífices hasta entonces?

Desde ese año, 1556, los Papas han llevado túnica blanca hasta nuestros días.